5 consejos para que el amor sea para siempre

  • EL AMOR ES VOLUNTAD – quizás esto sea lo más difícil de aprender para nuestra generación, ya que vivimos en un mundo que reduce el concepto de amor al enamoramiento o amor romántico, a ideas básicas y simplistas que desnaturalizan el sentido más profundo y trascendente del término “Amor”. Atada también a una cultura hedonista que rechaza el sentido del sacrificio y el sentido del dolor, nuestra cultura occidental moderna niega un aspecto fundamental: el amor requiere de aprendizaje, exige sacrificios, y encuentra su plenitud allí donde menos se lo ve representado. Y como es arduo, requiere de que pongamos mucha voluntad en construirlo. Es verdad que el amor entre Uds quizás ha nacido de forma espontánea, por afinidad y atracción, cada pareja tiene su historia, pero quiero poner énfasis en que el amor es producto del trabajo y el esfuerzo de ambos cónyuges. El amor es algo que vienen construyendo y deben seguir construyendo poniendo muchísima voluntad a lo largo de sus vidas.
  • EL AMOR ES DONACIÓN – un aspecto clave entonces de la expresión de nuestra voluntad, es que implica donarse íntegramente al cónyuge (y luego a la familia que forman). El consentimiento que damos implica también el compromiso íntimo y profundo de poner todo lo que está de nuestra parte para lograr la felicidad del otro. En este punto, me gustaría contarles la anécdota de Carlos H., una persona que me tocó conocer, que perdió su mujer en una edad muy joven por el cáncer. Ante la noticia de que le quedaban 6 meses de vida, se propuso convertirse en un profesional de la felicidad de su mujer. Un tiempo prudencial después de su muerte, Carlos paradójicamente decía que esos 6 meses en que lo único que hizo fue focalizarse en la felicidad de su mujer fueron los más felices de su propia vida.
  • EL AMOR ES ACEPTACIÓN – al comienzo de la vida conyugal siempre hay un camino de adaptación de uno al otro, desde temas importantes como la educación de los hijos hasta triviales como el horario de las comidas. Hay temas más fáciles y más difíciles. Pero no hay que dejarse tentar por la idea de que uno puede cambiar a su cónyuge. Es posible y deseable que haya cambios, pero no hay que depositar en eso nuestras expectativas y esperanzas, pensar que cuando ello ocurra seremos felices. Hay que procurar ser felices, plena y profundamente, sin condicionarlo en que algo deba cambiar, aceptando al otro como es, con sus virtudes y defectos. Y poner el foco en que uno puede y debe cambiar, en el sentido de adaptarnos y ser mejores personas, mejores esposos y padres, pero por iniciativa propia. Uno es el que cambia, no debo exigir que el otro cambie… Esto no quiere decir que todo sea válido y aceptable. Es importante que se respeten el matrimonio y las personas. Quiere decir que debemos poner el foco en lo que yo puedo hacer por mi matrimonio, por mi cónyuge, y no en poner la expectativa en que se adapten a nosotros.
  • EL AMOR ES ALEGRÍA – pese a que suena a carga pesada lo que les acabo de describir en los primeros tres puntos, con sustantivos y adjetivos como sacrificio, arduo, voluntad, aceptación, etc., el amor bien construido en un matrimonio es motivo de una muy profunda y duradera alegría. De la alegría rebosante y duradera que producen aquellos logros y trabajos que requirieron de esfuerzo y sacrificio, que producen orgullo. Uno descubre entonces una dimensión del amor difícil de describir, porque uno ya no camina solo por la vida sino que tiene un sostén incondicional que lo ayuda en el camino de encontrar la plena realización como personas. Y esa fidelidad y confianza es inspiradora de actitudes virtuosas. Con la llegada de los hijos se materializa luego el misterio de la comunicación de la vida que los cristianos entendemos como cooperación en la tarea creadora de Dios. Por eso es muy importante procurar también que en nuestras casas se viva la alegría, se respire un aire de concordia que constituya nuestros hogares en verdaderos refugios de amor para los hijos. Y en ese sentido, tanto para la pareja como para la familia, es fundamental que nos preocupemos por generar grandes recuerdos: celebraciones, viajes, vacaciones, que sean simples, humildes, o no, de acuerdo a las posibilidades. Pero que sean las anclas afectivas que nos ayuden, sumadas a nuestra actitud, a superar los momentos difíciles que sin duda llegaran en algún punto de la vida de nuestras familias. Y ser amables, como nos aconseja el Papa Francisco: pedir perdón, permiso, decir gracias. Hacer un culto de la práctica de los buenos modales que suavizan la convivencia y nos enseña con palabras a respetar y amar. En ese clima nuestros hijos se afirmarán en su única e irrepetible individualidad que les permitirá desarrollar su potencialidad como personas.
  • EL AMOR TAMBIEN SE INVOCA – por último, quisiera destacar una de las ventajas claves que vienen asociadas al sacramento del matrimonio: nos confiere las gracias especiales que nos ayudan a superar los momentos difíciles. Pero requiere que la invoquemos, que pidamos a Dios la ayuda para perdonar, para perseverar y para comprender. La “economía de la gracia” es parte de nuestra fe, y el entendimiento profundo e invocación de la gracia que se nos confiere con el sacramento es un aspecto que deben los esposos siempre tener presente. No sé quién dijo que “las familias que rezan unidas permanecen unidas”, pero es una gran verdad. La oración en familia, además de los beneficios sobrenaturales, al ponernos en situación de recogimiento y humildad, predispone a los miembros de manera tal que es difícil no deponer malas actitudes y recordarnos con verdad nuestro lugar de cara a Dios y de cara a los demás.