No criemos princesas sino niñas valientes

Sin darnos cuenta, hemos criado con los años a más y más princesitas. Aún hay estereotipos o actividades predeterminadas. Características que se espera que una buena madre pueda transmitir a su hija. A veces no es por ser machista, es simplemente por costumbre. Porque aún está demasiado arraigado en nosotros. Y hace falta ver a una chica del vecindario con cierta muñeca, para que tu hija quiera la misma.

Queremos que nuestras pequeñas hagan gimnasia, que bailen ballet. Queremos que canten, que cocinen o que les guste que las peinemos o maquillemos. Pero no siempre será así. Tenemos que empezar a comprenderlo nosotros, internarlo en nuestro pensamiento, para que podamos dejar de transmitir un sólo mensaje único.

En especial con la idea de que los niños pueden ser locos y hacer travesuras, pero las niñas no. Ellas deben ser educadas, más calmadas, no deben ensuciarse y de seguro tendrán modales. De alguna manera todos esperamos que se vean bonitas y actúen adecuadamente. Ya va siendo hora de que cambiemos el enfoque.

No es que debamos obligarlas a ir en el sentido contrario tampoco. Para nada es la idea. El punto es que a no todas las niñas les gustarán siempre las mismas cosas, pero a veces las predeterminamos para que así sea. Y quizás, de vez en cuando, pasamos alguna de sus preferencias propias. Algo que ellas quisieran hacer y no se nos pasó nunca por la cabeza.

No tenemos que forzar. Sí podemos demostrarle todas las opciones que pueden elegir. Que formen su propia identidad. Darles opciones, que sepan que usar una muñeca no es el único juego. Que si quieren tomar el carro de juguete de su hermano, está perfectamente bien. Y puede tener el suyo propio.

Es importante que trabajemos en esto. Porque muchas veces lo que sucede es que la niña no ve las otras opciones porque no las tiene. Porque simplemente no las conoce, o son ajenas a ella. Y puede pasar lo mismo con los niños. Debemos estar cuidado. Tenemos que recordar que cada decisión y manera que se utiliza hoy, puede afectarlos el día de mañana.

Cuando esa mujer se sienta mal porque no triunfó en baile como otras chicas. O el niño que nunca le gustó el fútbol y se siente rechazado. Estamos creando prejuicios, y estamos aplastando autoestima.

Nadie nunca será perfecto. Lo que hay que buscar es una personalidad propia. Es permitir, dentro de la medida de lo posible por la edad, que se expresen como ellos quieran. Enseñar amor, valores y poder de decisión. El amor los hará entender que todo es válido, mientras no se pasen a llevar a ellos ni a otros.

Criemos niñas que no tengan miedo a ensuciarse. Que no teman caerse y lastimarse, y que les quede una cicatriz de por vida. Que no se queden quietas como figuras de cera para que todos las observen. Que si quieren ver lucha libre, allá ellas. Y que no se espere que sólo ellas sean las que valoren a los demás, si no que también se sepan valorar ellas.

Fuente: UpSocl