Opinión: Gillette “Lo mejor para el hombre”

Por Andrés Roccatagliata

Recientemente, la marca Gillette lanzo una publicidad que muestra a hombres en distintas situaciones sacando a relucir lo peor de su “masculinidad”. Se los puede ver acosando y menospreciando mujeres, haciendo bullying, y consintiendo la violencia entre niños. Luego, en la segunda mitad del video se puede ver como se espera que esos hombres actúen si quieren sacar “lo mejor de ellos mismos”, y se los muestra siendo pasivos, deteniendo peleas y diciéndole a una niña que repita que ella “es fuerte”.

La publicidad tuvo un recibimiento tan negativo que fue sacada del  aire al poco tiempo, llegando a tener su video de YouTube más de 1 millón de “no me gusta”. Pero ¿por qué a la mayoría de los hombres no les gusto la publicidad? Si el mensaje trataba de ser positivo e incentivar a los hombres a dar “lo mejor de sí”. Bueno, como parte de los consumidores descontentos tratare de dar respuesta a esta pregunta brevemente.

En primer lugar me causó cierto rechazo que una multinacional intente darme clases de moral, pero más allá de eso, la publicidad confirma todo lo que venía percibiendo sobre la nueva imagen de hombre que se está gestando. El sketch hace una burda generalización sobre lo peor del hombre, como si todos los hombres fueran acosadores sexuales por naturaleza y tuvieran una agresividad inherentemente desviada hacia el mal. Y no solo eso, sino que implícitamente se establece la idea de que esos son problemas exclusivos de los hombres, propios de nuestra masculinidad, la cual debemos corregir y orientar hacia un nuevo horizonte.

Como hombre me parece totalmente injusto que circule entre algunas personas la idea de que los hombres fuimos (o somos) los villanos de la historia, y más aún, que la culpa por los hechos de unos pocos sinvergüenzas recaiga sobre todos nosotros. Se le olvida a la gente que los hombres somos por ejemplo, quienes ocupamos los puestos de trabajo con mayor nivel de siniestralidad y que constituimos ¾ de las víctimas de homicidios a nivel mundial. Durante toda la historia nos tocó soportar la parte más dura de la realidad, luchando en guerras, soportando arduas horas de trabajo y condiciones de vida mucho más hostiles. Pero todo pareciera olvidarse a la hora de juzgarnos. En la nueva y confortable cultura occidental se cree de manera ilusa que ya no es ni será necesaria nuestra fuerza.  Tampoco hay memoria para recordar cómo y a que costo se construyó el cómodo presente que nos permite hacer estos cuestionamientos. Solo se percibe que hoy los hombres son demasiado agresivos, competitivos e irrespetuosos. Se les recrimina a los obreros que erigieron la civilización que sus manos están demasiado ásperas y eso es algo que hay que modificar de inmediato.

Y teniendo en cuenta lo que muestra la publicidad, ¿cuál es este nuevo horizonte al que debemos apuntar? Uno en que borremos de nosotros cualquier sesgo de agresividad, detengamos cualquier indicio de violencia y no solo mantengamos una distancia prudente de las mujeres, sino que además les hagamos creer que ellas son las fuertes, aunque sean niñas de 3 años. La respuesta al problema de los vicios en los hombres no pareciera ser educarlos en la virtud, sino quitarles cualquier ímpetu, desarmarlos para que no puedan causar ningún daño. Que seamos una masa maleable a los gustos y principios de esta nueva época, donde ya no son necesarios nuestros atributos.

Mi postura es totalmente contraria a la de la publicidad. Yo creo que la solución está en incentivar a los hombres a lucir lo mejor de su virilidad. Lo que vemos no es producto de un exceso de masculinidad, sino todo lo contrario. En la sociedad hacen falta hombres virtuosos que den el ejemplo y promulguen los valores necesarios para desplegar lo mejor de cada persona. Necesitamos padres presentes, que eduquen a sus hijos en la responsabilidad y la templanza; funcionarios públicos que destaquen por su honestidad y hagan respetar el valor de las instituciones; fuerzas de seguridad dotadas de hombres fuertes y valientes, que cuiden de los más débiles. Si no formamos a nuestros jóvenes en valores como la laboriosidad, la disciplina y la caballerosidad, no nos sorprendamos de la ausencia de padres en los hogares, la proliferación de relaciones abusivas y la caída de muchos jóvenes en las adicciones. Las palabras de C.S. Lewis no pierden vigencia en nuestra era “Hacemos hombres sin nada en el pecho y esperamos de ellos virtud e iniciativa. Nos reimos del honor y nos sorprendemos de que haya traidores entre nosotros.”

Quizás “lo mejor para el hombre” no sea vivir rodeado de personas que le dicen que su masculinidad es tóxica y que está bien ser frágiles y vulnerables. Quizás lo mejor para el hombre sea crecer rodeado de hombres virtuosos que den el ejemplo y le enseñen a sacar lo mejor de sí. Quizás lo mejor sea que  desempolvemos los buenos hábitos y principios por los que fuimos perdiendo interés con los años y empecemos a revestir a nuestros hombres con ellos, apoyándolos en sus logros y queriéndolos por lo que son, en lugar de intentar apagar su espíritu, y desviar su naturaleza. Porque cuando llegue el momento y la realidad los ponga a prueba serán ellos mismos quienes deberán enfrentarla.

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